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«Me llamo Pelayo»

autor: Admin

categoría: Adopción espiritual: antecedentes

Abierto a todos los lectores

 

«Un niño de Asturias en el portal de Belén»

30ª Carta a los niñosde Asturias

8 de diciembre de 2005

Recientemente visité el Colegio del Santo Ángel de la Guarda en Oviedo. Cuando me encontraba con los niños y niñas más pequeños recordé la maravillosa historia que nos sucedió en Belén. Si queremos celebrar como cristianos la Navidad, no debemos olvidar jamás que Dios se hizo hombre y que quiso vivir entre nosotros. Por eso hemos de grabar en nuestra memoria acontecido hace XXI siglos en Belén.

«Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. José desde Galilea, de laciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo promigénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento. Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante lanoche su rebaño. Se les presentó el ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel lesdijo: No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo; os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador,que es Cristo el señor; y esto os servirá de señal; encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2, 1-12).

Hoy quiero contarte una historia de la que podrías haber sido protagonista, pero sucedió hace XXI siglos. Es esta:

"Aunque no sabemos cómo, un niño de Asturias apareció en los alrededores de Belén, en la tierra de Jesús, el día en que iba a nacer el Señor. Como andaba solo y no tenía sitio donde dormir, vio aun grupo de pastores que cuidaban un rebaño grande de ovejas y se acercó a ellos. Los pastores le preguntaron de dónde venía. Él lescontó toda su historia: como se llamaban sus padres, los hermanos que tenía y que venía de una tierra muy bonita llamada Asturias. Fue diciéndoles cómo era Asturias, se sabía de memoria todo el mapa y lo dibujó en el suelo con la rama de un árbol. Sobre él fue señalando valles, cumbres, ríos y diminutas aldeas. Les hizo una descripción maravillosa de nuestra Asturias.

Se hizo muy tarde y los pastores le invitaron a quedarse con ellos aquella noche. ¡Qué sorpresa más grande! Cuando todos estaban dormidos se oye un canto y una música como jamás se había oído. Era una melodía que llenaba el corazón, que proporcionaba alegría ycontento en la vida. Su letra era preciosa, hablaba de paz en la tierra, de hombres y mujeres hermanos, de la ayuda de unos a otros, de tener siempre en consideración al prójimo y verle como mucho más importante que uno mismo. Jamás se habían oído cosas como estas en aquel pueblecito de Belén. El cántico también hablaba de Dios y, junto con la belleza de la música, parecía hacerlo realmente presente. Ante estos sones, el primero en despertarse fue el niño asturiano, quecomenzó a llamar a los pastores. Todos se levantaron del suelo donde estaban acostados y se arrodillaron, mientras permanecían en silencio mirando al cielo. Una luz muy intensa les envolvía, y de ella provenía una voz muy dulce que les advertía de que Dios había nacido en Belén, que bajasen a verlo. Y estaban sobrecogidos.

Todos se levantaron y, sin decirse nada, comenzaron a bajar hasta Belén. La luz les seguía acompañando. De repente se oyeron muchas voces que, juntas, decían: "Gloria a Dios y paz a los hombres; gloria a Dios, que trae su paz sobre los hombres; gloria a Dios, que quiere como nadie a los hombres". Y así, acompañados de ese canto, llegaron hasta el lugar donde había nacido Jesús. Había una larga cola de gente que quería entrar al portal de Belén. Todos tenían unos semblantes alegres, muy contentos, llenos de felicidad.

Ante el portal, les llegó el turno de entrar a los pastores y al niño asturiano. ¡Qué bello fue aquel momento! Allí estaban el Niño Jesús, María su Madre, San José. Y el Niño Jesús estaba en el pesebre. Mirando al Niño estaban una mula y un buey, que con su aliento le daban calor, pues la noche era muy fría. Todos se arrodillaron delante del Niño Jesús y estuvieron un tiempo en silencio; se oía música que bajaba del cielo.

De pronto la Virgen María se levanta, llama al niño asturiano y le dice:

–¿Cómo te llamas?

Él, nervioso, responde:

–Me llamo Pelayo

Contaba este niño asturiano que la Virgen le miró como jamás le había mirado nadie. Y María se puso a hablar con él. Le dijo muchas cosas, entre otras que, cuando volviese a Asturias, contase a todos que Ella estaría siempre con este pueblo y que le buscasen un lugar donde Ella se pudiera hacer presente.

Aquel niño vivía en las montañas de Covadonga y le dijo a María:

–Yo sé de un lugar que todos estiman mucho y en el que vas a estar muy bien. Allí hay una cueva parecida a esta en que has dado a luz al Niño Jesús. Si quieres, cuando yo vuelva a Asturias, te la guardo para ti. Así podrás estar siempre con nosotros y contarnos cosas de Jesús. De esta manera –prosiguió el niño– todos los asturianos llegaremos a tener un corazón tan grande como el de Jesús.

Entonces la Virgen María abrazó tiernamente a Pelayo al tiempo que le pedía que cuidase de aquella cueva en las montañas asturianas. Después la Virgen María comenzó a explicarle lo que veía en el portal de Belén. Los allí presentes escuchaban con atención y María le decía:

–Mira el Niño que está en el pesebre, es Hijo de Dios y es mi Hijo. Cuando Él sea mayor dirá a todos los hombres que yo también soy Madre de todos, pero ahora me adelanto para decírtelo a ti: aquí está tu Madre. ¿Qué puedo decirte de mí? Quizá con una expresión puedas entenderlo todo: siempre dije a Dios "sí", que se hiciera lo que Él quisiera, que me ponía en sus manos. ¿Ves que junto a mí está San José? No habla mucho, está rezando y contemplando al Hijo de Dios, pero tiene una adhesión a Dios total y es un hombre de mucha fe. ¡Cuánto me está ayudando! y ¡cuánto va a ayudar al Niño Jesús! En tu vida –prosiguió María– nunca digas a Dios "no". Tú di siempre "sí" a su Palabra, a sus proyectos, a que entre en tu vida, a dejar que haga y organice tu existencia. Y también ten una adhesión a Dios como la de San José, pídele a Dios que te dé la fe de San José.

Pelayo se quedó extrañado de todo aquello, pues le parecía que podía ser difícil vivir tal como le pedía María. Entonces, mirándola, le dijo:

–¿Y si no consigo hacer todo esto que Tú y San José hacéis y vivís?

Entonces, la Virgen María, sonriendo le respondió:

–Serás capaz de hacerlo, pues Dios te ayudará. Pero, si no pudieras, por lo menos, da siempre a todos el calor que los hombres necesitan para vivir, como ahora lo están haciendo la mula y el buey con el Niño Jesús. Sí, ese calor que se traduce en mirar siempre a los demás como hermanos, en ayuda concreta, en servicio desinteresado, en dar y construir la paz entre los hombres, en poner lo que tienes al servicio de los demás.

Pelayo, muy contento, le dijo a María:

–Lo haré, te prometo que daré calor a todos los hombres que encuentre en mi vida.

María le besó y Pelayo, junto con los pastores salió del Portal de Belén marchándose hacia donde estaba el rebaño".

A su regreso a Asturias, Pelayo contó a todos lo a gusto que se había sentido en los brazos de María e inmediatamente se dirigió hacia la cueva. La limpió, la cerró y todos los días se acercaba hasta ella para ver cómo estaba de atendida la que iba a ser casa de la Virgen. Y comenzó a recordar y llamar a la Virgen, la Santina.

Pelayo dejó escrita esta historia para que todos los niños y niñas de Asturias aprendiesen a vivir la Navidad. Yo te la cuento este año 2005 para que sepas vivirla auténticamente.

(...)

Con gran afecto, te bendice

+ Carlos Osoro arzobispo de Oviedo

 

 

 

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