Textos clave: Historia de Teresita

 
categoríaTestimonios
fecha26-7-2013
autorAdmin

El 13 de diciembre de 1978, nacía mi segunda hija, Teresita. Tenía Síndrome de Down –mongolismo-. Otra prueba más que nos enviaba el Señor a Teresa y a mí. O no, o ¿sería un delicado regalo? Pronto lo averiguaríamos. Algunos médicos y psicólogos nos aconsejaron que no tuviésemos más hijos y dedicáramos todos nuestros esfuerzos por entero a esta niña. El panorama no estaba muy claro.

Contactamos con personas de la Asociación de Síndrome de Dow, que tenían hijos, hermanos o familiares a los que estaban sacando adelante en su minusvalía, y nuestra primera sorpresa fue grande.

Todos nos hablaban maravillas de ellos: cariñosos, agradecidos, felices, muy dependientes, pero devolvían con creces nuestros desvelos. Un matrimonio nos contaban con qué fuerza había unido a su familia desunida. Mientras vivían los padres, su hermano -síndrome de Dow- estaba atendido, ellos le visitaban frecuentemente. Entre los hermanos no había buenas relaciones, hasta que murieron los padres y tuvieron que hacerse cargo de él. Todos querían tenerlo, llegaron a un acuerdo de pasar temporadas juntos con él y de tenerlo por turnos en cada familia. Esto ha unido a los hermanos y desde entonces se olvidaron resquemores y rencillas.

Observábamos a las personas que tienen un síndrome de Dow -o cualquier tipo de minusvalía que le hace dependiente- a su cargo. Eran personas muy humanas, dispuestas al sufrimiento y a la entrega, y mucho más comprensivas con los demás, con sus penas, quitándoles importancia, muy positivas. En fin, se nos fue abriendo un nuevo mundo, por eso dudábamos si nuestra hija había sido una prueba de Dios o un regalo. Empezábamos a pensar en lo segundo: un regalo muy entrañable de Dios.

Así fue. El esfuerzo que le dedicábamos, sobretodo Teresa, era grande, pero nos devolvía cariño y agradecimiento en tal proporción que compensaba con creces todos nuestros desvelos. Mediante una "estimulación precoz" que le hacían en la Clínica Universitaria de Navarra, todos los meses pasaba unas revisiones y planificaban ejercicios diarios de estimulación psicológica y física. Teresita iba evolucionando positivamente en su capacidad mental y corrigiendo su atonía general. Adquiría fortaleza en sus músculos y no recuerdo un momento mayor de alegría y regocijo que cuando consiguió levantar la cabeza por sí misma. La niña con sus 10 meses se daba cuenta del logro y lo expresaba alborozada con toda su alegría y emoción. Era una delicia.

Teresita murió con 13 meses. El golpe fue un muy duro, pues el cariño que todos le teníamos era inmenso. Habíamos conseguido con el programa de estimulación precoz, subir su coeficiente intelectual de 50% a 70%; dominaba mucho mejor sus miembros, el progreso había sido muy positivo, pero Dios tenia otros planes y se la llevó consigo.

Teresita había cambiado muchas cosas en nuestras vidas: nos dejó un buen sabor de boca, inolvidable, nos hizo ser más comprensivos con los demás, con sus defectos, mirarnos menos a nosotros mismos, reconociendo nuestros defectos, nos ayudó a ser más abnegados, experimentados en el sufrimiento y en la entrega sin reservas a nuestras obligaciones diarias, a nuestros compromisos con los demás. La suya ha sido una vida corta, pero muy llena de contenidos, de humanidad, de vida auténtica, con una lucha que no comprendes en personas de tan corta edad. A veces, cuando pienso en los conflictos que los hombres “normales” nos creamos, me viene a la cabeza que ellos son los normales y nosotros los subnormales.

Tienen un sentido de la bondad con frecuencia superior al de las personas “normales”, pues muchas veces no sabemos lo que es bueno para nosotros; "y lo que hace aún peor la confusión es que creemos saberlo. Nosotros tenemos nuestros propios planes para nuestra felicidad, y demasiado a menudo miramos a Dios simplemente como alguien que nos ayudará a realizarlos. El verdadero estado de las cosas es completamente al contrario. Dios tiene Sus planes para nuestra felicidad, y está esperando que Le ayudemos a realizarlos. Y quede bien claro que nosotros no podemos mejorar los planes de Dios" (San Josemaria)

Los planes de Dios con Teresita estaban claros. En su corta vida acumuló más méritos que muchas personas de vida longeva. Ha hecho mucho bien a sus padres y a todos los que nos rodeaban, testigos de su progreso, del sufrimiento en sus constantes enfermedades debido a las bajas defensas de su organismo, de la serenidad con que todos afrontamos su muerte. Teresita "ha triunfado en la vida", me decía un amigo, ¿y a nosotros? aun nos falta, y no tenemos el triunfo asegurado.

Este es el verdadero éxito, no el que proclama el mundo, que al final se desinfla, sino el que Dios tiene destinado para cada uno, que perdura siempre. Por eso tenemos que buscarlo aquí, no dejarlo escapar y subir a la presencia de Dios con nuestras buenas obras a cuestas.

Nunca comprenderemos el sufrimiento de un niño, sabemos que todo sufrimiento es purificador, pero, ¿necesita un niño purificarse? Quizás se aplique a esta humanidad impura por el pecado desde su origen, causa del sufrimiento de inocentes. ¡Cuánto debemos a los niños!

Pero el día se apaga, y al final de la tarde nuestra sombra se alarga. El sol, fuente de vida terrenal, cae en el horizonte. Se va desvaneciendo nuestra vida corpórea, y con ella su sombra, cada vez más larga y difusa, tímido recuerdo de lo que era salud, energía, belleza, vida. Se acerca el gran paso y "todo debe estar en orden". La imagen del misterio también se alarga, crece hacia nosotros y llegará a cubrirnos. En ese momento se hará realidad, dejará de ser misterio y recibiremos el fruto de nuestra esperanza, "nos examinarán del Amor". En ese momento " el que sabe, sabe, el que no, no sabe nada". A Teresita el día le duró poco, pero se llenó de sabiduría, de la Verdadera Sabiduría.

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Roberto

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