Textos clave: 芦Se hizo carne禄

 
categor韆Relativismo
fecha29-11-1999
autorAdmin


Queridos diocesanos:

            La fiesta de la Anunciaci贸n del Se帽or del 25 de marzo nos coloca ante el misterio de la humanidad del Hijo de Dios. La carne de Jesucristo es la humanidad que Dios quiso para su Hijo, que se encarn贸 en las entra帽as de Mar铆a y naci贸 como un hombre cualquiera. Desde entonces Dios es pr贸jimo nuestro y cada uno de nosotros pr贸jimo de Dios.

            Esta fiesta, titular de tantas catedrales e iglesias nos ofrece la ocasi贸n para reflexionar sobre el misterio de la vida y el prodigio de su transmisi贸n, justo en este tiempo, cuando son tantas las amenazas que acechan a la vida humana. Es cierto que el desarrollo de las sociedades modernas ha logrado frenar la antigua mortandad de la infancia, y que hoy ya no se arriesga la vida de la madre para poder dar a luz al hijo que lleva en su vientre. Algo bien distinto de lo que sucede en las sociedades mantenidas en el subdesarrollo, o todav铆a en lento proceso de desarrollo. Son millones de seres humanos desvalidos e indefensos los que sucumben a la desnutrici贸n, falta de medicamentos y salubridad, y a las muchas infecciones, entre las que se encuentra el flagelo del sida contra铆do por los padres.

            El contraste, sin embargo, no est谩 s贸lo entre el primer mundo y el mundo del subdesarrollo. El contraste es tambi茅n nota caracter铆stica del primer mundo. Los seres humanos que nacen bajo el signo de la protecci贸n vienen al mundo mientras otros son suprimidos en el vientre de sus madres. La brutal plaga del aborto ha generado en nuestro pa铆s, en poco m谩s de una docena de a帽os, la escalofriante cifra de tres millones de v铆ctimas, los ni帽os que nos faltan. Lo sucedido en estos a帽os deber铆a servir para no empeorar las cosas m谩s de lo que ya est谩n, pero hay quienes parecen querer llevar la legislaci贸n a la pr谩ctica libre del aborto, proyecto al que, por el momento, gracias a Dios, no se presta la atenci贸n que reclaman sus defensores.

            Nada ha mejorado con un plan laico de supuesta educaci贸n sexual de adolescentes y j贸venes, garantizada como una iniciaci贸n a la “pr谩ctica segura del sexo”. Muy, por el contrario, este plan ha conseguido trivializar la sexualidad, aumentar la gravedad moral del estado de la juventud. Se dijo que disminuir铆an los abortos, pero han aumentado d谩ndole al fen贸meno una gravedad que, si no se ve, es porque se padece ceguera.

            Por si fuera poco, se ha elaborado una ley sobre manipulaci贸n de embriones que no lograr encubrir los intereses reales de la proclamada finalidad terap茅utica. Hay cient铆ficos que han sido claros al decir que se trata de una pr谩ctica poco fiable en sus resultados y, a煤n as铆, no se duda en legalizar una manipulaci贸n de los embriones que es lesiva de la dignidad humana, porque nadie ha de venir al mundo para servir de instrumento terap茅utico a nadie. Cada ser humano ha sido querido por Dios por s铆 mismo, incluso cuando le ha faltado el amor humano.

            Lo m谩s grave que encierra el texto de esta ley es el desprecio de los embriones desechables, una pr谩ctica que nos permite constatar hasta qu茅 nivel ha llegado la falta de protecci贸n de la vida, siendo as铆 que, en efecto, “todos fuimos embriones”. Los legisladores cat贸licos, si han de ser fieles a su conciencia moral, tienen el deber de hacer cuanto est茅 a su alcance para garantizar la protecci贸n del embri贸n, oponi茅ndose a este tipo de leyes antihumanistas.

            Si se deja fuera de consideraci贸n que el 谩mbito natural de la procreaci贸n de la vida es el matrimonio, y que 茅ste se da sobre la base de la diferenciaci贸n de los sexos y su complementariedad, entonces, tal como han dicho los Obispos cargados de raz贸n, es que “se extiende una cultura que oscurece datos antropol贸gicos fundamentales”, una cultura que atenta de hecho contra las evidencias m谩s palmarias y universales de la humanidad. Todas las culturas conocen el significado de las palabras “padre” y “madre”, que surge del concurso de los sexos en la procreaci贸n de la vida, en su cuidado y defensa, que se prolonga por obra de la familia, regazo natural del ser humano, en la educaci贸n de la infancia y de la juventud.

            La Iglesia, a pesar de las acusaciones de sus enemigos t贸picas y manidas hasta la saciedad, no se opone al desarrollo cient铆fico. La Iglesia se opone a encubrir bajo la capa de la ciencia lo que es pura manipulaci贸n del ser humano m谩s d茅bil e indefenso a manos de la llamada “ingenier铆a gen茅tica”. La Iglesia no se opone a la investigaci贸n con c茅lulas madre, se opone a que estas c茅lulas sean embrionarias si la experimentaci贸n con las mismas supone de hecho la destrucci贸n del embri贸n humano. La Iglesia defiende a los d茅biles, y en situaci贸n de debilidad est谩 el ser humano concebido y en estado de embri贸n, igual que lo est谩n el enfermo y el anciano. La Iglesia se preocupa por las v铆ctimas de la guerra y el terrorismo y cuida a los enfermos de sida. Su compromiso por la paz y el desarrollo de los m谩s necesitados est谩 bien probado. La descalificaci贸n de la voz libre y prof茅tica de la Iglesia en defensa del ser humano y de su dignidad no es inocente ni desinteresada.

            Por todo esto, la Iglesia nos recuerda que encarnaci贸n del Hijo de Dios nos descubre el fundamento divino de la humanidad del hombre. Conviene recordar las palabras del Vaticano II cuando afirma que “el misterio del hombre s贸lo se esclarece a la luz del Verbo encarnado”. La encarnaci贸n del Verbo de Dios nos descubre la condici贸n sagrada de la vida y nos advierte de que cualquier atentado contra ella va directamente contra su Creador porque va contra el hombre creado por Dios.

            Con mi afecto y bendici贸n.

                                  

+ Adolfo Gonz谩lez Montes

Obispo de Almer铆a


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